Supongo que esto no es exportable a toda España, y mucho menos al resto del mundo. Pero resulta que vivo en Cataluña, y esta semana se ha celebrado el día favorito de muchísimas personas: Sant Jordi.
Se trata, por si no lo sabéis, de una coincidencia hermosa. El día 23 de abril se celebra el día internacional del libro, y también la fiesta del santo patrón de la corona aragonesa y, por extensión histórica, de Cataluña. La tradición en esta fecha dicta que han de regalarse libros y rosas a nuestros seres queridos. Es pues una fiesta de consumo pero de cultura, de «te quiero y te conozco» y de «he pensado en tí». De «me importas».
Regalando flores. Fiestas de floración
Las culturas antiguas celebraban fiestas relacionadas con aquellas cosas que ocurren en su entorno, en la naturaleza que las rodea. Este enfoque es también muy importante para las tradiciones paganas modernas y para la brujería que se centra en el propio territorio (entorno) y, obviamente, para los practicantes del animismo.
De hecho, San Jordi se celebra a tocar con las festividades neopaganas de primeros de mayo, como oposición a aquellas celebraciones de la muerte de noviembre. En todos los casos que conozco se trata de celebraciones de la vida: la invocación o la cercanía del verano, del fruto. Allí donde la flor celebra la juventud así como, en cierto modo, la virginidad y, a través de ella, la impermanencia. La inflexión de la floración lleva al verano: la plenitud del fruto. Porque una flor no es nunca un fin en sí misma.
Esto es aplicable a las tradiciones celtas del primero de mayo y Beltane vistas tanto desde el druidismo como de la brujería tradicional británica, así como a las tradiciones germánicas y nórdicas. Y, como ejemplo, podríamos citar a James Frazer en su Rama dorada:
El primero de mayo es una gran fiesta popular en las partes más centrales y meridionales de Suecia. En la víspera del festival, enormes hogueras, que deben encenderse golpeando dos pedernales, arden en todas las colinas y montículos.
Y, por supuesto, la tradición romana tiene entre abril y mayo, varias fiestas de la floración entre las que destacan la Floraria y la Rosalia. Las Floraria se celebraban a finales de abril, y eran unas fiestas alegres y algo licenciosas en honor a Flora, diosa de la juventud, las flores y la fertilidad. Las Rosalia por su parte se celebraron en diferentes fechas (entre finales de abril y mayo, llegando a extenderse hasta junio) y eran celebraciones funerarias en las que se ofrendaban flores (especialmente rosas y violetas) a los antepasados. Aquí es donde se liga el concepto de juventud con el de eternidad.

Pero no nos perdamos, que no estábamos aquí para hablar de la rueda del año.
La leyenda de San Jorge. La rosa de sangre.
La leyenda de San Jorge que todos conocemos parece tener su origen en el siglo IX y se popularizó a partir del siglo XII. Es bastante sencilla en sus elementos: un dragón, una princesa en sacrificio, un caballero y sangre. Con sus variaciones regionales y también locales (porque los humanos somos así, y vamos rellenando huecos en los relatos) parece reunir mitemas de mitología clásica y hebrea e incluso iconografía local de Capadocia, de donde provendría la imagen del guerrero a caballo arrollando a la serpiente/dragón.
Podríamos entretenernos en el dragón. El simbolismo del dragón en la tradición medieval es bastante claro: el dragón representa el caos, el mal, el paganismo. La recompensa que obtiene el santo en la mayor parte de leyendas medievales es la conversión de la aldea o pueblo en problemas al cristianismo. Aunque más adelante, y probablemente por influencia del auge del concepto del amor cortés, el premio pasa a ser la mano de la princesa. Lo cual puede ser un cambio (la leyenda empieza a hablar de lucha contra el miedo y la pasión y el amor como premio) o una continuidad en un entorno en el que la conversión ya no era un problema (la princesa es un símbolo del alma, liberada del mal del dragón a través de la acción del cristianismo, a quien se entrega).

Supongo que no os sorprende si os digo que por aquí nos despierta más simpatía el dragón.
La rosa roja en la que se transforma la sangre del dragón sigue siendo juventud y eternidad. Sigue llevando hasta el fruto prometido, hasta el inicio del verano.
Y esto es aún más notorio cuando vemos el arreglo de la rosa de Sant Jordi. Porque no es una rosa. Es una rosa con una espiga de trigo. Es la Diosa de la Primavera junto al Dios del Grano.
Sangre entre el trigo: la amapola
Pero volvamos atrás, que este post decía que íbamos a hablar de amapolas.
Cuando es la época de Sant Jordi, hay rosas. Los rosales modernos florecen desde la primavera hasta el otoño de forma ininterrumpida. Además, la rosa es una flor muy bonita, fácil de cortar y que se conserva bien en ramos. Hay muchas variedades de color, aunque la roja es muy popular y fácil de adquirir. Por lo tanto, es una gran opción para hacer un regalo.
Pero en el pasado esto no era así. Las rosas actuales no existieron hasta la hibridación de las rosas antiguas (rosa mosqueta, rosa gallica… ) de muchos menos pétalos y una sola floración anual, con la rosa oriental (rosa chinensis), que aportó la floración continua y las múltiples capas de pétalos. Antes del siglo XVIII no teníamos rosas en abril.
Pero sí teníamos otras flores. Igualmente ligadas a lo mortuorio, igualmente rojas. Solo que muchísimo más delicadas y, por lo tanto, nada comerciales. Las amapolas.

Las amapolas pertenecen a los campos de herbáceas y a las gramíneas. Así nos dice la sevillana:
La historia de una amapola
Sevillanas de la amapola y el romero – Manuel Pareja
que escapó de entre los trigos
Que escapó de entre los trigos
dicen que la vio el almendro
dicen que la vio el olivo
dicen que la vio la luna
por en medio de un camino
También nos lo recuerda Lorca:
¡Oh amapola roja que ves todo el prado,
Federico García Lorca, El Maleficio de la Mariposa
Como tú de linda yo quisiera ser!
Pintas sobre el cielo tu traje encarnado
Llorando el rocío del amanecer.
Y, por supuesto, tenemos la famosa obra de Juan Ramón Jiménez, Novia del campo, amapola.
Novia del campo, amapola
Juan Ramón Jimenez, Novia del campo, amapola
que estás abierta en el trigo;
amapolita, amapola
¿te quieres casar conmigo?
En todos estos casos, como muchos otros, la amapola representa a una joven, tierna y delicada. Se destaca en su entorno por su color rojo, que la vincula al amor y a la pasión. De hecho hay más letras en las que la vinculacion de la amapola (en romería) al sexo es bastante notoria. La amapola es, en la mente de los poetas y músicos, un equivalente a la rosa dentro de su humildad campestre. Simbolicamente hablando, la misma Diosa de la Primavera en todo su esplendor, creciendo junto y entre el Dios del Grano. Una Diosa de la primavera que promete un fruto de verano.
E incluso la palabra catalana para amapola está etimológicamente ligada a la rosa: es rosella, cuyo significado literal sería «pequeña rosa»
Y diríamos, ¿dónde está la parte mortuoria? Pues aquí mismo.
La amapola es miembro de la familia de las papaveráceas, al igual que su prima de la senda de los venenos: la adormidera. Obviamente, a nivel farmacológico tienen poco que ver ya que la adormidera contiene opioides potentes mientras que la amapola es solamente un sedante suave que puede ayudar contra el insomnio. Sin embargo, ambas se parecen lo suficiente para poder identificarse simbólicamente, del mismo modo que se identifican el sueño y la muerte.
La amapola es una flor muy ligada a Perséfone. Es una Kore, una doncella, hermosa y virginal, con su promesa de fruto, que se ve arrastrada (y arrastra) hasta el inframundo a través del sueño.Y no olvidemos que el rapto de Perséfone por parte de Hades se desarrolla en primavera, mientras la joven Diosa recoge flores campestres. Y, aunque en el mito no se nombre específicamente la amapola como parte de las que recogía la Diosa, sí que se menciona como parte del luto de su madre Demeter.

En conclusión: en San Jordi podéis regalar libros y regalar rosas, pero no perdáis de vista vuestros campos y honrad como se merece a su reina:la amapola.


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